Carta de sexo II: No podemos apagarnos.

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“Por fin, mi cama” -pienso. Es mediodía, acabo de llegar de clase y la casa está sola. Como siempre que vuelvo de clase. No me importa, junto con las noches enteras, es mi ratito. Sopla fuerte el viento de levante, hace un calor de mil demonios, pero tengo que cerrar la ventana o se pondrá todo perdido de polvo. Cierro y me desnudo. Odio el verano, pero si tengo que quedarme con algo, eso es pasearme en bragas por casa. Tengo unas escasas dos horas de sueño y tres cafés ya. “Como siga así, un día de estos haré boom” -me digo.

Me tumbo. La cama me sabe a gloria. Estiro las piernas y los brazos y cierro los ojos. Me rasco la barriga y me vienen a la memoria tus manos. Cómo hace sólo unos pocos días eran las yemas de tus dedos las que recorrían cada rincón de mi cuerpo, tus manos las que apretaban con fuerza mi culo y tus labios calientes buscaban los míos. Casi me llega el sabor a tabaco y a verde de tu boca… Cómo tu lengua me acariciaba los pezones con ternura pero tus manos me tomaban con firmeza al mismo tiempo. Cómo nos buscábamos sin parar el uno al otro…

Dios, te necesito ahora porque mi respiración se agita tal y como me pasó entre tus brazos.

Porque sin darme cuenta he empezado a pellizcarme los muslos como tú lo hiciste ese día y esa noche.

Porque noto ya cómo mis bragas se han mojado de recuerdos en blanco y negro,

y ya he bajado la mano para darles color.

Porque anoche lloraba de miedo y sólo se me ocurrió buscarte para esconderme,

y ahora me masturbo todavía con los ojos hinchados por el cansancio y las lágrimas.

Porque acaricio mi coño húmedo ahora igual que acaricié entonces tus defectos e historias:

con la ternura de quien no entiende aún de diferencias.

Porque necesito,

necesito otro suspiro.

Fdo.: Eva.

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Papel pintado.

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Los dos estaban rendidos.

Eran ya las tantas, esa hora en que no se sabe bien si de la madrugada o de la mañana, y ambos estaban medio dormidos ya. Desnudos, en la cama, sonaba de fondo un viejo programa de radio grabado, que en ese medio sueño que tenían aún les despertaba alguna que otra risa. Fede tiró de la sábana arrugada a los pies de la cama para taparse juntos y la abrazó por la espalda. Eva notaba cómo la respiración de él se volvía cada vez más fuerte en su nuca conforme el sueño lo atrapaba, cómo encajaba su cuerpo al de ella con su abrazo protector.

Entonces Fede se revolvió y cogió uno de los pechos de Eva. Se despertaba. Ella lo sabía porque empezó a apretarle las tetas y a jugar con sus pezones y porque notaba en su culo cómo aumentaba el deseo de él. Estaban cansados pero las ganas se volvían las mismas que cuando entraron esa misma mañana en la habitación. Se pegaba más y más a ella, tocándola con mano experta avivándola toda, y unos sonidos roncos empezaron a salir de su garganta. A Eva le puso cómo le estaba punteando el culo con la polla, cada vez más gorda y dura, así que empezó a tocarlo despacio con la mano, arriba y abajo, acariciándole los huevos de vez en cuando. Abrió un poco las piernas y él colocó su falo entre los muslos tiernos de ella. Eva empezó a moverse, masturbándolo así, con los muslos, frescos por fuera y calientes en su interior, todavía de espaldas a él. Sus gemidos en la oreja mojaban su coño poco a poco.

-Ven aquí -dijo Eva dándose la vuelta. Cara al techo, se abrió de piernas y le pedía por favor a Fede que la follase ya.

Él se incorporó y se colocó de rodillas entre sus piernas. Se agarraba el miembro con la mano y con la punta rozaba la humedad de su coño. Entonces la empezó a meter con cuidado. Fede tenía una polla grande y recia, y a las pocas embestidas se llevaba todo el flujo de ella y costaba meterla entera, pero a Eva le encantaba la cara que ponía cada vez que intentaba entrar en ella y le apretaba fuerte los brazos cada vez que se la metía un poco más.

Él se movía rápido pero poco a poco, hasta que la penetró completamente, llenando a Eva una vez más aquel día.

-Joder…

Fede se la follaba con la respiración entrecortada y Eva apretaba fuerte la almohada aguantando la respiración todo lo que podía. Lo sentía llegar. Apretó los dientes mientras Fede la embestía una y otra vez mientras le besaba las tetas.

-Me corro… Me corro…

-Ahh… -gemía él, cansado pero manteniendo el ritmo.

Y cuando no podía aguantarlo más se dejó ir con Fede aún dentro. Todo su cuerpo temblaba en el orgasmo, y le rogaba a Fede entre risas agitadas que no se moviera. Él se movía un poco y volvía Eva temblaba de nuevo.

-Ay… Fffff. ¡Para! ¡Sal! -y seguía temblando de vez en cuando con él ya a su lado. Eva no quería mirarlo, le daba vergüenza que la viera así y reía nerviosa.

Fede se masturbaba acostado junto a ella. Eva lo miraba y al poco empezó a tocarse también. Ambos se tocaban con las piernas enroscadas, mirándose a la cara. Fede bajaba la mirada hacia la mano de Eva mientras se tocaba, hacia sus tetas, hacia su estómago que subía y bajaba por la respiración… y resoplaba. Eso le puso mucho a Eva y en nada volvió a correrse a su lado, mientras él la sujetaba a cada espasmo.

Cuando Eva se tranquilizó le dijo a Fede que se pusiese en el centro de la cama. Se sentó sobre él rozándose con su polla mientras lo besaba. Él tiraba con sus labios del labio inferior de ella de vez en cuando y suspiraba.

-Ay… -suspiraba ella también- Uf, para… -y bajó por su estómago a besos hasta llegar a su polla. La misma que llevaba viendo todo el día paseándose por aquella habitación blanca llena de sol y olor a verde y sexo, pues poca ropa había habido desde que juntos se quitaron la vergüenza. Eva empezó a masturbarlo mientras le lamía y absorbía los huevos. De vez en cuando se la metía en la boca todo lo profundo que podía y volvía a pajearlo.

-Ven aquí, ven.

Eva se puso de rodillas en el suelo a los pies de la cama y Fede se sentó en el borde. Se tocaba mientras la boca abierta de ella le rozaba la punta. Eva le envolvió la polla con sus tetas y empezó a subir y bajar, rozándole la punta con la lengua cada vez que bajaba. Fede acomodó la almohada para verla hacer. Quería correrse, y cuando no aguantaba más el ritmo de Eva, se puso de pie y empezó a tocarse rápido mientras Eva se lo comía desde abajo, con la boca y con los ojos.

Agotado, volvió a dejarse caer en la cama mientras seguía masturbándose fuerte y rápido. Eva, aún de rodillas en el suelo, apoyó las tetas en los muslos de él, rodeándole los huevos y abrió la boca para que Fede se rozara con ella mientras seguía dándose fuerte para correrse. De vez en cuando Eva se lo comía por la punta o él le golpeaba las tetas con la polla aún rígida.

Entonces Fede se dobló por la cintura de buenas a primeras y empezó a gemir muy fuerte. A cada espasmo, un chorro de semen transparente y caliente resbalaba por los labios y las tetas de Eva. Ella lo sujetaba por la cintura y él daba patadas al aire con cada sacudida. Ambos se reían cada vez que él lo repetía. Se sujetaba la polla toda corrida y rozaba el pezón duro de Eva y volvía a gemir y patear con los dientes apretados.

-Dios, me encanta ver cómo te corres, jaja -dijo Eva.

-Ahhrggjajarg -más risas ahogadas por las sacudidas.

-Shhh -chistaba ella y le besó la punta de la polla.

-Ahh… Uf, ya está… ¿no?… Ahh… -no podía parar.

-Jajaja, sí, sí. -y se fue al cuarto de baño, a limpiarse la boca y las tetas.

Cuando volvió, Fede seguía tirado bocaarriba en la cama con las piernas colgando. Su pene descansaba flojo pero aún imponente sobre su vientre.

-Vamos a dormir de una vez, ¿no? Que mira qué horas -dijo ella sonriente.

Se acomodaron en un abrazo desnudo, y despreocupados de todo lo que no estuviera en esa cama, entre besos y risas, se acabó el primer (y último) polvo a oscuras de aquella habitación clara y se acababa la noche de aquel primer (y último) día.

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Carta de sexo I: Batería baja. Conecte el cargador.

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Hola,

Te empiezo a escribir esto y aún me tiemblan las piernas de cómo acabo de correrme. Aunque suene a la típica frase tonta de moda, es verdad y no sabes, las ganas que tengo de ti. Y hablamos y está bien, y nos masturbamos y está bien, y podemos hacer un book de fotos guarras si queremos y está bien. Eso es lo bueno, que así todo es fácil y nada está mal. Pero cuando la batería del móvil se termina yo sigo teniendo esas ganas de ti cuando te pienso (y has de saber que te pienso en muchas posturas. Demasiadas), y que cada vez se me hace más insoportable.
Que yo lo que querría es encerrarme en algún cuarto contigo y no con un gato; que me folles y no tener que inventar tu deseo con mis manos; gemirte al oído en vez de ahogarme en la almohada cada noche; que me digas esas cosas que dices mientras me desnudas y no mientras me escribes con una mano; descansar en ese ambiente cargado que queda después del sexo para después retomar esos instintos tan primitivos de nuevo.

Una
Y otra
Vez.

Sin haber sido yo nunca caprichosa así me siento ahora, como el que quiere algo y no puede, o como el que tiene lo que quiere delante y sólo llega a rozarlo con la punta de los dedos…
Y tampoco es que vaya a contar los días que me faltan para alcanzarte porque a mí el paso del tiempo siempre me ha dado miedo y sería una manera demasiado obvia de notarlo. Pero eso no quita que esas ganas de las que te hablo no dejen de aumentar por momentos.

Espero que no te importe ésta licencia literaria que me he tomado hoy al escribirte esto porque, ¿si las cartas de amor existen, por qué no iban a existir las cartas de sexo?

Fdo.:  Eva.

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La intrusa.

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Eva abrió los ojos y parpadeó varias veces antes de que sus ojos se acostumbraran a la luz. Se giró y quedó mirando al techo. Allí seguía él, desnudo, dándole la espalda a su lado. “¿Y por qué no iba a seguir ahí, si ésta es su casa?.” -pensó. Eva se levantó sin hacer ruido y fue al baño. Meó y se plantó frente al lavabo, mirándose al espejo. “Podría ser peor.” -pensó mientras se revolvía el pelo intentando darle algún tipo de forma, pero no había manera. Abrió el grifo y dio un largo trago de agua. Estaba tibia y dejaba un regusto a metal en la boca. Otro trago y unas gargaritas.

Volvió a la habitación, seguía dormido. Eva gateo despacio por la cama hasta acercarse a él por la espalda y pasando el brazo por su cintura empezó a besarle el cuello.

-Ey.

-Eh.

-Son más de las doce, vamos.

-¿Receptiva? -preguntó él, soñoliento.

-Hoy más activa. ¿Y tú, activo?

-Hoy más receptivo.

-¡Anda, cambio de papeles! ¿Aprovechamos y así cumplo mi promesa?

-¿Mmm?

Eva sonrió y bajó el brazo con el que lo enroscaba. Con la mano empezó a masajearle los huevos. Él abrió la boca y dejó escapar aire. Eva seguía haciendo y cuando notó que tanto Fede como su deseo iban despertando, emepezó a masturbarlo.

-¿Te acuerdas ya de la promesa?

-Claro que sí…

Fede se dio la vuelta y estando ambos cara a cara probó a Eva con su dedo corazón.

-¡Joder, niña! -sacó el dedo, brillante, y se lo llevó a la boca- ¡Ven aquí ahora mismo!

Y rápido se colocó encima de Eva, quien se abrió para él y en un momento lo sintió en lo más hondo de su ser.

-Ahh… -gimió, levantando el pecho y la cara.

Fede la follaba despacio pero mantenía el ritmo, hundiéndose en ella todo lo que podía a cada embestida. Le besaba las tetas, el cuello, estaba en todas partes. Eva le apretaba el culo con una mano y le tiraba del pelo de la nuca con la otra. Lo deseaba, llevaba deseándolo mucho tiempo, y ahora no quería que saliese nunca de ella. Notó la descarga de antes del orgasmo, cómo se acercaba y la iba dejando sin aire.

-Me… voy… -y apretando fuerte la espalda de Fede se dejó ir, con los ojos apretados y un grito que Fede calló con un beso brusco y caliente.

Salió de ella y besando su estómago fue bajando, la abrió sujetándole los muslos que temblaban a cada espasmo, y miraba como latía su coño, todo expuesto, hasta que paró. Entonces recorrió con su lengua los labios del coño de Eva de abajo a arriba y despegaba la cara. Otra vez lo mismo. Lo lamía y lo miraba, lo lamía y lo miraba. Eva se sentía morir. Por un lado sentía vergüenza y por otro no quería que parase. Fede empezó de repente a rodear el clítoris con su lengua y encerrarlo entre sus labios, mientras metía dos dedos en el coño de Eva. Cada vez los movía más rápido, en forma de gancho, y apretaba con ellos su clítoris contra su lengua desde el interior de la vagina. Notó cómo volvía la sensación. Eva tiraba del pelo de Fede, a quién veía moverse en su entrepierna, masturbándola y comiéndosela entera. Y así, intentando agarrarse al colchón pero sólo consiguiendo tirar de las sábanas, se dejó ir de nuevo en un alarido de dientes apretados. Fede la sostuvo por las caderas con ambas manos mientras Eva disfrutaba de su orgasmo. Se incorporó y empezó a llevarse los suspiros de ella a besos.

-Para… Por favor… -pidió Eva susurrando- Te toca a ti…

Él la besaba y ella le rogaba que parase, mientras sentía su polla dura rozándole en el estómago.

-Para. Ven, siéntate.

Eva se levantó y salió de la cama y con la mano indicó a Fede que se sentase en el borde. Éste obedeció y entonces Eva calló de rodillas frente a él y empezó a chuparle los huevos mientras lo masturbaba.

-Ahhg… Joder, sigue…

Eva se metió su polla en la boca y empezó a subir y bajar, agarrándose a los muslos de Fede. Bajaba y aguantaba hasta que no podía soportar más la arcada y entonces subía y volvía a repetir lo mismo. Lamía y besaba su polla de arriba a abajo, como si tuviese que memorizarla con sus labios.

-Eva… Me vas a terminar ya… No puedo…

-Lo quiero para mí -dijo ella mirándolo lasciva desde abajo.

-Claro… Déjame…

Eva se retiró y Fede empezó a masturbarse muy rápido rodeándose sólo la punta de la polla con el pulgar y el índice. Eva no pudo evitar morderse el labio viendo las muecas de su cara mientras lo hacía, le ponía mucho.

-Eva… Me corro… -dijo respirando muy rápido- ¡AHHHH! -dejó escapar un alarido grave y largo a la vez que se corría.

Eva abrió la boca y al momento notó el semen, que le resbalaba caliente por el labio inferior. Fede seguía masturbándose muy despacio y Eva le besó el glande, pegajoso y fresco. Fede le limpió la barbilla con el pulgar y con el dedo mojado con su leche acarició los pezones de Eva, erizándole la piel.

-Ufff… -Fede aún respiraba agitado.

-Ahora vuelvo -dijo ella con una sonrisa satisfecha.

Fue al baño a limpiarse y regresó a la cama. Fede estaba tumbado boca arriba en el centro, con los brazos bajo la cabeza. Eva se sentó de cuclillas en la cama y lo miró largamente. Le recorrió el cuerpo desnudo de la cabeza a los pies, como estudiándole las pecas y los poros y dijo:

-Lo único que te cambiaría es el domicilio. -Fede sonrió y tiró de su brazo recostándola sobre su pecho.

-Bueno, misión cumplida, ¿no? -dijo ella.

-Mujer de palabra. -contestó él acariciándole el pelo.

-Claro. Si te dije que te follaría una mañana, pues lo hago.

Fede rió y así desnudos y enroscados, entre humo y risa, hablaron y hablaron de cosas sin pies ni cabeza por horas a la luz del día para variar.

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Completos desconocidos.

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Ya entraba algo de luz por las rendijas de la persiana bajada cuando Eva se despertó. Se deshizo como pudo de la pierna con que Core la enroscaba y se incorporó con cuidado. Aquella cama crujía como mil demonios y no quería despertarlo. No así… Tenía la boca seca tras el sueño, así que dio un gran buche a la botella de agua que había en la mesilla. Él dormía bocaarriba a su lado. Volvió a tumbarse y lo envolvió con el brazo. Notaba bajo su mano los latidos relajados de él. Eva hundió la cara en su cuello, y con los labios todavía húmedos, empezó a besarlo suavemente. Lo llamaba por su nombre en susurros entre beso y beso:

-Core… Coooreee…

Él se empezó a retorcer bajo su abrazo.

-Mmm…
-Buenos días.
-Mmm… Hola…
-Hola -Eva se sonrió. Era como un niño pequeño.
-Oye… No te rías de mí…
-¿Yo? Claro que no… -dijo riendo.

Core se tumbó de lado, mirando a Eva, la atrajo hacia así y la besó.

-¿Has dormido bien? -preguntó.
-De una vez. Ninguna pesadilla -Eva no se sentía tan descansada desde hacía mucho tiempo. Sonrió y lo besó. -¿Y tú?
-Bien he dormido, y mejor me despierto -dijo esto y apretó fuertemente la cintura de ella.
-Mmm… Me alegro… Ven, acércate más…

Eva acariciaba su barba y su cuello a la vez que lo besaba, pero aquellos besos no eran ya los mismos que al pricipio. Sus bocas, al principio tiernas y dormidas, se buscaban cada vez con más ansia, besos cada vez más rudos, y una respiración que aumentaba por momentos.

-Acércate… Ven conmigo… -rogaba Eva.

Core se apretó contra ella y ésta sintió su erección en el estómago. “Bendito despertar masculino”-pensó Eva. Gimió y se apretó aún más contra él. Los besos apenas paraban para coger aire, ambos cada vez más agitados. Eva lo sentía por todo su cuerpo, apretaba su carne y la acariciaba por todas partes y eso la hacía sentir suave al tacto. Ella bajó la mano y empezó a acariciar su pene erecto por encima del pijama. Core miró al techo y dejó escapar aire, como un largo suspiro.

-Eva… -dijo.
-Dime…
-Quiero estar dentro de ti ya… -dijo muy rápido. Eva gimió de pensarlo.

Se montó sobre él y empezó a acariciar su coño por encima suya.

-Eva, por favor…
-No… Sabes… Que me encanta… Esto…
-Eva… Me vas a matar… Quítatelo todo que te quiero follar.
-Un poco más… Un poco sólo… Ah…

Le encantaba notar su deseo: bajo ella, en sus manos… de la forma que fuera. Le encantaba sentir cómo él se iba poniendo cada vez más duro, el efecto que podía llegar a tener sobre su cuerpo.
Se quitó la camiseta y dejó su pecho al aire, Core los abarcaba y apretaba con sus manos.

-Por favor…

Eva se tumbó a su lado y levantó las piernas para sacarse las bragas mientras él se deshacía del pantalón de pijama. No llevaba ropa interior.
Iba a subirse a él cuando la detuvo y le dijo:

-No… Vamos a empezar como a ti te gusta. Lento y profundo.

Eva se abrió para él. La besaba y la rozaba con la polla muy dura, pero no la penetraba.

-Core, joder… Joder, fóllame… Fóllame ya -dijo con los dientes apretados.

Core tomó la cara de ella entre sus manos, y mirándola así la embistió. Eva abrió la boca como en un grito mudo y apretaba el culo de Core muy fuerte contra ella para que no se moviese.

-Me encanta la cara que pones… -dijo él, y empezó a moverse despacio -Y lo mojada que estás, te siento toda…

A Eva se le entrecortaba la respiración y él ponía la oreja en su boca para oírla mientras aumentaba el ritmo en que la follaba.

-Dios, sí, sí, sigue… Ah…
-Eva, córrete. Quiero… ver cómo lates -dijo Core con la respiración entrecortada.

No hacía falta que lo dijera, Eva lo sentía llegar. Empezó a respirar soltando todo el aire de sus pulmones cada vez que espiraba.

-Así… Vamos… Eva, déjate ir… Déjate…

Y en cadena, ella dejó de respirar, se aferró fuerte a la espalda de Core y, cuando ya no podía aguantar más la respiración y su cuerpo empezó a temblar, soltó el aire en un gemido que la nacía de lo más hondo de su ser.

-Eso es… Sí… Me encanta cómo me aprieta tu coño cuando te corres…

Eva miraba hacia un lado con los ojos cerrados disfrutando de su orgasmo. Core le besaba el cuello a cada espasmo y la chistaba como quien pretende dormir a un bebé para que se calmase. Sólo le echaba el pelo de la frente hacia atrás y la besaba.

-Podría estar así toda mi vida -dijo Eva, y volvió la cara hacia a Core, sonriente y extasiada.
-Pareces sacada de una película ahora mismo.
-¿Cómo?
-Si me dejases te echaría una foto.
-De eso nada. Anda, túmbate ahí, pelota.

Core se quitó de encima de Eva y se tumbó a su lado. Eva lo masturbaba con una mano y se tocaba ella misma con la otra.

-Eva, ven aquí, Dios… Para…

No paró. Continuó hasta correrse de nuevo y acto seguido se metió bajo la colcha. Core sintió cómo Eva metió se metió su polla en la boca y empezaba a subir y bajar.

-AH… Más fuerte… Oh, sí…

Core apretaba la almohada y arqueaba su cuerpo. A Eva le encantaba tener ése poder sobre él. Core retiró la colcha y miraba a Eva hacer. Tomó su cabeza y la empujaba con cuidado.

-Métetela entera… Uf, sí… Así…

Eva aguantaba la arcada hasta que tenía que coger aire. Lo miraba lasciva desde allí abajo. Entonces subió a besos por su torso mientras le acariciaba los huevos y cuando había subido lo suficiente, tomó la polla dura de él y se la metió en el coño.

-Me encanta estar dentro tuya… Se siente siempre tan caliente…
-Shh… Calla…

Sentada sobre él empezó a moverse. Core empujaba el culo de ella hacia abajo, rozándo sus muslos con las cachas del culo de Eva.

-Ah… -gemía.
-No pares… Más…

Se movía cada vez más rápido, como a él le gustaba, sentía las rodillas arder por la fricción con las sábanas.

-Eva, si sigues así, me corro…
-Ya… Te toca… -dijo ella ahogada- Además… Me encanta… Cuando lo haces… Tu cara… Es…
-Me corro… Córrete… Conm…

No acabó de decirlo cuando se incorporó de golpe agarrando a Eva muy fuerte con la boca desencajada. Ella seguía moviéndose y con la respiración fuerte de él se dejó ir también. Ambos dejaron caer la cabeza en el hombro del otro, agotados, palpitantes y sudados, en ese abrazo sentado.

-Si un día esto acaba voy a echarlo de menos, de verdad. Podría ver cómo te corres mil veces que no me canso -dijo Core recostado sobre el cabecero. Y dio una calada al cigarrillo que lió antes de irse a la cama con Eva.

-Pelota… -susurró Eva medio dormida, abrazada a la almohada. Qué relajante era verlo fumar después del sexo. Lograba olvidar todo mientras estaba con él, la mera presencia de Core se había convertido en su oasis particular. En cuanto a ella… Jamás le había debido tanto a un completo desconocido.

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La última noche del año.

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<<¿Sí?>>

– Ven. Por favor.

<<¿Eva?¿Qué pasa?¿No estabas con tus amigos?>>

– Por favor. Ven por mí.

<<Pero, ¿ha pasado algo?¿Dónde estás?>>

– Hotel ‘X’, habitación 21.

<<¿Cómo?¿Hotel?¿Pero…?>>

Bip.

“La suerte está echada.” -pensó Eva. A los pocos segundos, le sonó el chat del móvil:

ENOC: Eva. Dame la dirección de donde estás. Pero las cosas no son así, ¿eh? Pensaba que andabas por ahí de fiesta. Espero que no sea otro arrebato de los tuyos, ya me empiezo a a cabrear.

EVA: Hotel ‘X’, habitación nº21. Te espero.

ENOC: Ok.

ENOC: Eva, esto no puede seguir así…

Eva ya había guardado el móvil. Victoria. Sabía que no podría resistirse, aunque sólo fuese por la curiosidad… El caso era que estaba de camino y que debía prepararse. Eva puso su pequeño bolso de fiesta sobre la cama. Había tomado las uvas con sus padres en aquel restaurante caro que habían reservado, por eso llevaba ese vestido tan fino aquella noche, hecho de una gasa suave que caía lacia hasta un poco más arriba de sus rodillas, de un rosa tan pálido que casi se camuflaba con su piel. El vestido era abierto por la espalda, un triángulo invertido que dejaba ver su piel desnuda, un triángulo cuyo vértice era tan bajo que casi podríamos decir que le ponía fin a su espalda…

Del bolsito sacó un carmín color sangre, y pintó sus labios con un gesto ya tan viciado que no le hacía falta ni usar un espejo. Volvió a colocar el labial en el pequeño bolso y a continuación sacó unas medias finas, negras, con pequeños puntitos negros. Eva se sentó en el borde de la cama con el vestido remangado y se las colocó con cuidado de no romperlas… Las subió hasta que la liguilla quedó por debajo de sus pechos. Se transparentaban las bragas rojas bajo las medias. Era la noche.

Eva se incorporó de la cama, se bajó el vestido y volvió a calzar esos tacones tan bonitos que le hacían tanto daño en los pies. Cogió el bolso de la cama, y antes de dejarlo en la mesa que había en la habitación sacó un cigarrillo. Ella no fumaba. Era la noche.

Llaman a la puerta. Las 3:34 am.

“Ha tardado casi una hora.” -Eva miraba el reloj de la catedral, que asomaba alto en su torre entre los demás edificios.

– Pasa, está encajada. Cierra al entrar.

Enoc entró en silencio y cerró. A su derecha había un pequeño cuarto de baño, pero luego la habitación era bastante amplia. Desde la entrada veía una mesa tocador a la izquierda, a la derecha una gran cama de matrimonio, y al fondo una ventana horizontal, sobre la que Eva apoyaba sus codos mirando hacia el exterior. La imagen le parecía deliciosa: ella allí de espaldas, la luz amarilla de la habitación y la blanca de la luna, toda cuerpo de una forma que invitaba a tocarla, cómo el pico del traje se estrechaba conforme bajabas por su espalda y cómo terminaban sus piernas en aquellos finos tacones. Enoc siempre fue muy especial para estos detalles y allí permaneció mirándola, mudos ambos pero sabiendo qué pasaba por sus cabezas. Volvió al mundo sólo cuando Eva se puso de perfil para encender el cigarro que tenía entre los labios. No se daba maña con la cerilla, así que Enoc se acercó a ella, tomó la cerilla y la caja, y llevó la llama hasta el cigarrillo. Eva volvió a mirar hacia fuera.

– ¿Ahora fumas? -preguntó, vencido. Todo el interrogatorio que había preparado durante el camino era inútil. Sabía que Eva haría con él esa noche todo lo que quisiera.-¿De qué va todo esto, Eva? -Ésta seguía sin mirarlo.

Llamaron a la puerta. Eva se volvió, miró a Enoc a los ojos y le echó todo el humo de la calada en la cara. Se dirigió despacio a la puerta, y una mano le pasó una botella de vino blanco. “Gracias, buenas noches” -dijo a la persona de la puerta. Y cerró.

– ¿Quieres? -preguntó a Enoc, alzando la botella.

– Tú no bebes -dijo él.

-Tampoco fumo -dijo ella. Y volvió a echar humo por la boca.

Era como una estampa femenina del dios Baco, con la botella en una mano y el cigarro en la otra. Enoc no había tenido tantas ganas de probarla en su vida. Decidió abrir ya la botella, aquello era surrealista. La descorchó y Eva le dio un buche a morro. Dejó en el cristal transparente de la botella la misma marca roja que había en el cigarro. Se la pasó a Enoc, que hizo lo mismo, y luego éste cogió la mano de Eva y dio una calada. Ella sonrió sin abrir los labios.

– Ya estamos igual -dijo, y levantó una pierna y apagó el cigarro en la suela del zapato. Se acercó de nuevo a la ventana y tiró la colilla. La cerró.

Otra vez Eva de espaldas. Enoc no veía el momento de hacerla suya, toda aquella mierda le estaba poniendo cada vez más. Cada movimiento de Eva era tan lento… ¿lo hacía adrede? Dio otro largo trago. El vino bajaba frío y dulce por su garganta. Dejó la botella en la mesa donde estaba el bolso de Eva y se acercó a ella por la espalda. Si Eva estaba jugando a hacer teatro, él debía improvisar antes de convertirse en marioneta.

– ¿Vas a estar así de callada toda la noche? -preguntó, y se pegó a ella con fuerza, apretándole la cintura con las manos. Eva notaba su polla dura en el culo.

– Hueles de cine -dijo- como siempre.

– Tú también -dijo Enoc rozando su cuello con la nariz y los labios. A Eva se le erizó la piel de los brazos y la espalda. Él la apretaba cada vez más contra la pared, la respiración de ambos se aceleraba.

Enoc bajó los tirantes del vestido, que resbaló suave por los hombros de Eva, por su cintura, y terminó cayendo al suelo. Ésta se giró. No llevaba sostén. Enoc veía cómo los pezones del pecho claro y blando de Eva se iban endureciendo poco a poco. Los besó. Con una mano la agarraba por la nuca, con la otra le apretaba el culo. Eva arañaba la pared y suspiraba al aire mirando al techo. Enroscó a Enoc con una pierna para apretarlo contra sí. Gimió.

– Sí, sí… yo también tengo ganas de follarte… -dijo él- pero no va a ser aquí en la ventana.

Enoc se separó de Eva, se sacó el cinturón y los pantalones tirándolo todo al suelo. Fue a sentarse al borde de la cama.

– ¿No eres supersticioso, eh? -dijo Eva. Enoc llevaba unos bóxers color gris. Veía perfectamente la erección de él y esto era una imagen fatal para Eva y para sus bragas. -Es la última noche del año, se supone que tendrás mala suerte por no llevar calzones rojos. -y se sentó encima de Enoc, rozando bien el coño en su polla. Ambos se miraron en esta postura, con unas ganas terribles de sentirse.

– Suerte sería que no llevaras esto puesto -dijo Enoc, y recorría de arriba a abajo con las manos los muslos de Eva, que aún llevaba las medias puestas. Enoc iba despacio palpando sus piernas, y cuando llegaba arriba, a la liguilla de las medias acariciaba también sus pechos, jugando con los pulgares y los pezones.

– ¿Quieres que me corra antes de follarte? -preguntó Eva. Todo aquello la agitaba.

– Me encantaría, pero quiero metértela ya -dijo Enoc.

– Quítamelas -dijo Eva, en algo que no era ni un gemido ni una súplica pero eran las dos cosas.

Enoc apretó entonces su culo y tirando de él hacia fuera desgarró las medias con facilidad. Eva chilló, como cuando se corría. Iba muy cachonda.

– Retírate las bragas a un lado, te voy a follar pero ya -dijo Enoc.

– No… -dijo Eva. Y se levantó y se bajó las medias y las bragas dejándolas en el suelo arrugadas. Enoc ya se había sacado la polla y se masturbaba medio sentado medio tumbado mientras Eva lo miraba de pie frente a él completamente desnuda. Calló de rodillas y empezó a comerle los huevos mientras él seguía tocándose. Pero Enoc paró y la tomó por los brazos y la atrajo a la cama. Eva quedó encima suya pero de repente él se movió y la dejó boca abajo tumbada en la cama. Empezó a masturbarla así, muy rápido, acomodando la mano entre las cachas de su culo, movía un dedo dentro y fuera de su coño, iba mojadísima. Eva se aferraba a la colcha de la cama y gemía más y más.

– Me voy a correr… -dijo entrecortadamente.

Eva se dejó ir a los pocos segundos en un alarido de placer. Enoc puso en su boca el dedo corazón con el que la había masturbado.

– Mira qué bien sabes… -dijo. Y así penetró a Eva, dando la primera embestida mientras a ella aún le latía el coño con su orgasmo.

Enoc se movía rápido, de su garganta escapaba un sonido ronco a veces. Se follaba a Eva como nunca, y ella no paraba de retorcerse y gemir bajo él. Como estaba boca abajo, tenía la cabeza de lado para poder respirar. Le pegó en el culo.

– ¡Ahh! -chilló Eva.- ¡Joder, sigue! ¡Sigue!

Otro azote… y otro… y otro… El culo de Eva enrojeció. Enoc sabía que ella se volvería a correr pronto. Empezó a follarla más fuerte, hundiéndose bien en su coño a cada embestida. Se agachó y empezó a hablarle en la oreja apretando los dientes y respirando muy fuerte:

– Córrete otra vez. Córrete para mí, Eva. Quiero sentir cómo lates otra vez, vamos… ¡¡Joder, vamos!!

Y cabalgándola así Eva se dejó ir otra vez, Enoc paró, con su polla aún dentro, y le levantaba la cara a Eva para vérsela.

– Nunca te he besado con los labios pintados. De momento, va a seguir así… -su voz apenas se entendía, la respiración era muy fuerte, estaba sudando. -Vas a hacer que me corra como sigas latiendo así, joder.

Y de repente salió de Eva y bajó de la cama. Se puso de rodillas en el suelo y la atrajo hacia él tirando de sus piernas. Dejó su coño al borde de la cama y empezó a comérselo. Eva hacía ademán de cerrar las piernas pero él se las abría empujando el interior de sus muslos. La tenía toda para él.

Hizo que Eva se corriera una vez más así, sólo jugando con su clítoris. Fue muy rápido, el cuerpo de Eva no paraba de estremecerse.

– Parece que estás llorando -dijo Enoc sonriéndose un poco. Estaba de pie, miraba a Eva toda abierta y expuesta frente a él, tumbada boca abajo sobre la cama. Eva sollozaba, entre espasmos que no podía controlar, estaba exhausta.

– Me… vas… a matar… -dijo ella. Y no podía calmar la respiración.

– Bueno… en cuanto me corra hacemos un descanso… -dijo Enoc, poniendo cara de malo. -¿Dónde quieres que me corra?

– En… mis tetas… -Eva no podía ni hablar.

Enoc la incorporó dejándola a cuatro patas en la cama. Introdujo un dedo en su coño, y luego lo metió mojado en su culo.

– Ahhh… -gemía Eva.

– Mmmmm… -él dejó escapar ese sonido ronco otra vez.

Enoc repetía esto, una y otra vez. Y luego empezó a hacer lo mismo con su polla. Primero la mojaba en el coño de Eva, luego probaba un poco su culo, que a cada intento se abría un poco más para él. Estaba muy duro y eso lo hacía todo más fácil. Y de golpe forzó un poco y ya estaba dentro. Eva sentía la polla de Enoc entera, que se empezaba a mover despacio dentro de su culo.

– Uff… sí… ¡Ay!… así… mmm…-decía ella.

Enoc sentía la presión que el culo de Eva ejercía en su polla, cómo ella se quejaba y pedía más a partes iguales. Fue aumentando el ritmo. Envolvió a Eva con su cuerpo agarrándola por las tetas mientras seguía follándole el culo. Cada vez más fuerte. Eva sentía la respiración de él en su cuello y empezó a masturbarse. Ella se tocaba y él la follaba. Los dos eran un nudo de carne y sudor, el sonido de piel con piel ganaba velocidad. Enoc empezaba a resoplar.

– Eva… joder… me corro…

Salió de Eva y está dejó de masturbarse de inmediato y se dio la vuelta, quedando ambos cara a cara. Enoc se masturbaba muy rápido de rodillas, imponente ante ella. Se pasaba la lengua por el labio inferior cada vez con más frecuencia y dejaba escapar el aire entre los dientes apretados. Eva se tocaba mientras y, de repente, Enoc paró su mano, dejó escapar un alarido ronco y volvió a mover la mano pero muy despacio ya. Eva notó al momento el semen caliente en su pecho, más… Veía cómo brotaba de su polla, cómo él se iba de placer con los ojos cerrados mirando al cielo. Cerró los ojos también. Lo notaba resbalar por sus costados. Sentía como sus respiraciones se calmaban. Aún con los ojos cerrados, notó como Enoc rozaba la punta de su pene, ya más flojo, por la corrida, expandiéndola por el busto de Eva. Escalofrío. Eva abrió los ojos y besó la punta del miembro de Enoc, y se llevó la última gota de su leche con la punta de la lengua. Apretaba los dientes mientras Eva hacía. Otro escalofrío, ahora de él. Al final, se tumbó a su lado boca arriba y dio un largo suspiro. Ella otro. Se levantó y fue al baño a limpiarse. Al volver cogió la botella de vino de la mesa y le dijo a Enoc:

– Feliz año.

Estaba dormido.

Le dio un sorbo a la botella y se acercó a la ventana.

En el reloj de la catedral sonaron las 5 am…

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Cuenta atrás.

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… y de un empujón Eva cayó desnuda sobre su cama.

Él se recostó sobre ella, pero de rodillas, sólo la rozaba con sus besos. De la boca bajó a su cuello tomando el camino de su mandíbula. Eva notaba cómo cogía aire mientras seguía besándola, a veces sus labios le rozaban sin querer los lóbulos de las orejas… o a lo mejor lo hacía queriendo…

No la sujetaba, pero aun así Eva no se podía mover porque él se lo había dicho. Y tampoco pudo hacer nada cuando bajó para empezar a besar sus pechos. Eva no sabía en ese momento qué era mayor, si sus cosquillas o las ganas de sentirlo ya en su interior.
No pudo contenerse, y levantó la cadera, buscándolo. Y lo encontró. Notó su pene erecto sobre su estómago. Andrés se dio cuenta del juego de Eva y apretó su cuerpo con fuerza sobre el de ella para que bajara la cadera. Entonces con la diestra agarró fuerte a Eva, apretando sus mejillas, y con unos ojos en los que sólo se podía ver fuego, empezó a besarla. Unos besos calientes, salvajes, Eva sentía cómo su lengua recorría cada rincón de su boca.
Y cuando menos lo esperaba escucha que Andrés le dice al oído,  con una voz sorprendentemente calmada comparado con el bombear de su sangre en la vena del cuello:
-Muy mal. Ahora tendrás que esperar para que te folle, porque pienso hacerte correr antes.
Y a besos recorrió todo el trayecto que había desde la boca de Eva hasta sus muslos, que separó con maña para empezar a besarlos en su interior. Notaba sus cálidos labios fríos en comparación al calor que Eva guardaba en su entrepierna.

Y entonces sin previo aviso empezó a lamer suavemente su clítoris mientras con sus manos apretaba la cadera de Eva contra la cama para que no la moviera. Y su lengua empezó a dar vueltas y Eva no pudo evitar llevar las manos a su cabeza mientras él seguía allí abajo, llevándola al cielo. Ella sólo enredaba sus dedos en aquel pelo revuelto suyo que tanto le gustaba. A Andrés debían gustarle aquellos tirones, pues no la reprendió por haberse movido. Y sumida en estos pensamientos Eva lo sintió llegar, sus piernas temblaban sobre los hombros de Andrés. No pares. Y él se dio cuenta y mientras lamía más fuerte que antes (casi succionaba su clítoris) metía y sacaba un dedo muy rápidamente.

Eva no pudo contener aquel gemido final mientras se dejaba ir. Cuando abrió los ojos vio a Andrés, contemplando cómo temblaba allí tirada y abierta de piernas, tan expuesta, se deleitaba con el resultado de lo que había provocado. Se lamió los labios y se agachó para besarla.

-Muy bien -dijo en voz baja. Aquel beso sabía a ella.

Y en un segundo Andrés la penetró hasta el fondo, y antes de que Eva pudiera recuperarse de esa gloria que es la primera embestida, Andrés ya se había movido quedándose él tumbado y Eva montada sobre él.

-Ahora sí que dejo que me enseñes cómo te mueves…

– – –

Eva se despertó de un sobresalto. Estaba en su cama. Apoyó las palmas de sus manos en la cama dejando caer su peso. Notaba las bragas mojadas y la boca seca. Miró el reloj de su mesilla. Las 4:27 am.

“Era un sueño.”-pensó- “Un buen sueño…”

Silencio.

“Pero tan real…”

Y dejándose caer en la cama recordó que ya faltaba menos de una semana para verle.

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