Cuenta atrás.

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… y de un empujón Eva cayó desnuda sobre su cama.

Él se recostó sobre ella, pero de rodillas, sólo la rozaba con sus besos. De la boca bajó a su cuello tomando el camino de su mandíbula. Eva notaba cómo cogía aire mientras seguía besándola, a veces sus labios le rozaban sin querer los lóbulos de las orejas… o a lo mejor lo hacía queriendo…

No la sujetaba, pero aun así Eva no se podía mover porque él se lo había dicho. Y tampoco pudo hacer nada cuando bajó para empezar a besar sus pechos. Eva no sabía en ese momento qué era mayor, si sus cosquillas o las ganas de sentirlo ya en su interior.
No pudo contenerse, y levantó la cadera, buscándolo. Y lo encontró. Notó su pene erecto sobre su estómago. Andrés se dio cuenta del juego de Eva y apretó su cuerpo con fuerza sobre el de ella para que bajara la cadera. Entonces con la diestra agarró fuerte a Eva, apretando sus mejillas, y con unos ojos en los que sólo se podía ver fuego, empezó a besarla. Unos besos calientes, salvajes, Eva sentía cómo su lengua recorría cada rincón de su boca.
Y cuando menos lo esperaba escucha que Andrés le dice al oído,  con una voz sorprendentemente calmada comparado con el bombear de su sangre en la vena del cuello:
-Muy mal. Ahora tendrás que esperar para que te folle, porque pienso hacerte correr antes.
Y a besos recorrió todo el trayecto que había desde la boca de Eva hasta sus muslos, que separó con maña para empezar a besarlos en su interior. Notaba sus cálidos labios fríos en comparación al calor que Eva guardaba en su entrepierna.

Y entonces sin previo aviso empezó a lamer suavemente su clítoris mientras con sus manos apretaba la cadera de Eva contra la cama para que no la moviera. Y su lengua empezó a dar vueltas y Eva no pudo evitar llevar las manos a su cabeza mientras él seguía allí abajo, llevándola al cielo. Ella sólo enredaba sus dedos en aquel pelo revuelto suyo que tanto le gustaba. A Andrés debían gustarle aquellos tirones, pues no la reprendió por haberse movido. Y sumida en estos pensamientos Eva lo sintió llegar, sus piernas temblaban sobre los hombros de Andrés. No pares. Y él se dio cuenta y mientras lamía más fuerte que antes (casi succionaba su clítoris) metía y sacaba un dedo muy rápidamente.

Eva no pudo contener aquel gemido final mientras se dejaba ir. Cuando abrió los ojos vio a Andrés, contemplando cómo temblaba allí tirada y abierta de piernas, tan expuesta, se deleitaba con el resultado de lo que había provocado. Se lamió los labios y se agachó para besarla.

-Muy bien -dijo en voz baja. Aquel beso sabía a ella.

Y en un segundo Andrés la penetró hasta el fondo, y antes de que Eva pudiera recuperarse de esa gloria que es la primera embestida, Andrés ya se había movido quedándose él tumbado y Eva montada sobre él.

-Ahora sí que dejo que me enseñes cómo te mueves…

– – –

Eva se despertó de un sobresalto. Estaba en su cama. Apoyó las palmas de sus manos en la cama dejando caer su peso. Notaba las bragas mojadas y la boca seca. Miró el reloj de su mesilla. Las 4:27 am.

“Era un sueño.”-pensó- “Un buen sueño…”

Silencio.

“Pero tan real…”

Y dejándose caer en la cama recordó que ya faltaba menos de una semana para verle.

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