La última noche del año.

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<<¿Sí?>>

– Ven. Por favor.

<<¿Eva?¿Qué pasa?¿No estabas con tus amigos?>>

– Por favor. Ven por mí.

<<Pero, ¿ha pasado algo?¿Dónde estás?>>

– Hotel ‘X’, habitación 21.

<<¿Cómo?¿Hotel?¿Pero…?>>

Bip.

“La suerte está echada.” -pensó Eva. A los pocos segundos, le sonó el chat del móvil:

ENOC: Eva. Dame la dirección de donde estás. Pero las cosas no son así, ¿eh? Pensaba que andabas por ahí de fiesta. Espero que no sea otro arrebato de los tuyos, ya me empiezo a a cabrear.

EVA: Hotel ‘X’, habitación nº21. Te espero.

ENOC: Ok.

ENOC: Eva, esto no puede seguir así…

Eva ya había guardado el móvil. Victoria. Sabía que no podría resistirse, aunque sólo fuese por la curiosidad… El caso era que estaba de camino y que debía prepararse. Eva puso su pequeño bolso de fiesta sobre la cama. Había tomado las uvas con sus padres en aquel restaurante caro que habían reservado, por eso llevaba ese vestido tan fino aquella noche, hecho de una gasa suave que caía lacia hasta un poco más arriba de sus rodillas, de un rosa tan pálido que casi se camuflaba con su piel. El vestido era abierto por la espalda, un triángulo invertido que dejaba ver su piel desnuda, un triángulo cuyo vértice era tan bajo que casi podríamos decir que le ponía fin a su espalda…

Del bolsito sacó un carmín color sangre, y pintó sus labios con un gesto ya tan viciado que no le hacía falta ni usar un espejo. Volvió a colocar el labial en el pequeño bolso y a continuación sacó unas medias finas, negras, con pequeños puntitos negros. Eva se sentó en el borde de la cama con el vestido remangado y se las colocó con cuidado de no romperlas… Las subió hasta que la liguilla quedó por debajo de sus pechos. Se transparentaban las bragas rojas bajo las medias. Era la noche.

Eva se incorporó de la cama, se bajó el vestido y volvió a calzar esos tacones tan bonitos que le hacían tanto daño en los pies. Cogió el bolso de la cama, y antes de dejarlo en la mesa que había en la habitación sacó un cigarrillo. Ella no fumaba. Era la noche.

Llaman a la puerta. Las 3:34 am.

“Ha tardado casi una hora.” -Eva miraba el reloj de la catedral, que asomaba alto en su torre entre los demás edificios.

– Pasa, está encajada. Cierra al entrar.

Enoc entró en silencio y cerró. A su derecha había un pequeño cuarto de baño, pero luego la habitación era bastante amplia. Desde la entrada veía una mesa tocador a la izquierda, a la derecha una gran cama de matrimonio, y al fondo una ventana horizontal, sobre la que Eva apoyaba sus codos mirando hacia el exterior. La imagen le parecía deliciosa: ella allí de espaldas, la luz amarilla de la habitación y la blanca de la luna, toda cuerpo de una forma que invitaba a tocarla, cómo el pico del traje se estrechaba conforme bajabas por su espalda y cómo terminaban sus piernas en aquellos finos tacones. Enoc siempre fue muy especial para estos detalles y allí permaneció mirándola, mudos ambos pero sabiendo qué pasaba por sus cabezas. Volvió al mundo sólo cuando Eva se puso de perfil para encender el cigarro que tenía entre los labios. No se daba maña con la cerilla, así que Enoc se acercó a ella, tomó la cerilla y la caja, y llevó la llama hasta el cigarrillo. Eva volvió a mirar hacia fuera.

– ¿Ahora fumas? -preguntó, vencido. Todo el interrogatorio que había preparado durante el camino era inútil. Sabía que Eva haría con él esa noche todo lo que quisiera.-¿De qué va todo esto, Eva? -Ésta seguía sin mirarlo.

Llamaron a la puerta. Eva se volvió, miró a Enoc a los ojos y le echó todo el humo de la calada en la cara. Se dirigió despacio a la puerta, y una mano le pasó una botella de vino blanco. “Gracias, buenas noches” -dijo a la persona de la puerta. Y cerró.

– ¿Quieres? -preguntó a Enoc, alzando la botella.

– Tú no bebes -dijo él.

-Tampoco fumo -dijo ella. Y volvió a echar humo por la boca.

Era como una estampa femenina del dios Baco, con la botella en una mano y el cigarro en la otra. Enoc no había tenido tantas ganas de probarla en su vida. Decidió abrir ya la botella, aquello era surrealista. La descorchó y Eva le dio un buche a morro. Dejó en el cristal transparente de la botella la misma marca roja que había en el cigarro. Se la pasó a Enoc, que hizo lo mismo, y luego éste cogió la mano de Eva y dio una calada. Ella sonrió sin abrir los labios.

– Ya estamos igual -dijo, y levantó una pierna y apagó el cigarro en la suela del zapato. Se acercó de nuevo a la ventana y tiró la colilla. La cerró.

Otra vez Eva de espaldas. Enoc no veía el momento de hacerla suya, toda aquella mierda le estaba poniendo cada vez más. Cada movimiento de Eva era tan lento… ¿lo hacía adrede? Dio otro largo trago. El vino bajaba frío y dulce por su garganta. Dejó la botella en la mesa donde estaba el bolso de Eva y se acercó a ella por la espalda. Si Eva estaba jugando a hacer teatro, él debía improvisar antes de convertirse en marioneta.

– ¿Vas a estar así de callada toda la noche? -preguntó, y se pegó a ella con fuerza, apretándole la cintura con las manos. Eva notaba su polla dura en el culo.

– Hueles de cine -dijo- como siempre.

– Tú también -dijo Enoc rozando su cuello con la nariz y los labios. A Eva se le erizó la piel de los brazos y la espalda. Él la apretaba cada vez más contra la pared, la respiración de ambos se aceleraba.

Enoc bajó los tirantes del vestido, que resbaló suave por los hombros de Eva, por su cintura, y terminó cayendo al suelo. Ésta se giró. No llevaba sostén. Enoc veía cómo los pezones del pecho claro y blando de Eva se iban endureciendo poco a poco. Los besó. Con una mano la agarraba por la nuca, con la otra le apretaba el culo. Eva arañaba la pared y suspiraba al aire mirando al techo. Enroscó a Enoc con una pierna para apretarlo contra sí. Gimió.

– Sí, sí… yo también tengo ganas de follarte… -dijo él- pero no va a ser aquí en la ventana.

Enoc se separó de Eva, se sacó el cinturón y los pantalones tirándolo todo al suelo. Fue a sentarse al borde de la cama.

– ¿No eres supersticioso, eh? -dijo Eva. Enoc llevaba unos bóxers color gris. Veía perfectamente la erección de él y esto era una imagen fatal para Eva y para sus bragas. -Es la última noche del año, se supone que tendrás mala suerte por no llevar calzones rojos. -y se sentó encima de Enoc, rozando bien el coño en su polla. Ambos se miraron en esta postura, con unas ganas terribles de sentirse.

– Suerte sería que no llevaras esto puesto -dijo Enoc, y recorría de arriba a abajo con las manos los muslos de Eva, que aún llevaba las medias puestas. Enoc iba despacio palpando sus piernas, y cuando llegaba arriba, a la liguilla de las medias acariciaba también sus pechos, jugando con los pulgares y los pezones.

– ¿Quieres que me corra antes de follarte? -preguntó Eva. Todo aquello la agitaba.

– Me encantaría, pero quiero metértela ya -dijo Enoc.

– Quítamelas -dijo Eva, en algo que no era ni un gemido ni una súplica pero eran las dos cosas.

Enoc apretó entonces su culo y tirando de él hacia fuera desgarró las medias con facilidad. Eva chilló, como cuando se corría. Iba muy cachonda.

– Retírate las bragas a un lado, te voy a follar pero ya -dijo Enoc.

– No… -dijo Eva. Y se levantó y se bajó las medias y las bragas dejándolas en el suelo arrugadas. Enoc ya se había sacado la polla y se masturbaba medio sentado medio tumbado mientras Eva lo miraba de pie frente a él completamente desnuda. Calló de rodillas y empezó a comerle los huevos mientras él seguía tocándose. Pero Enoc paró y la tomó por los brazos y la atrajo a la cama. Eva quedó encima suya pero de repente él se movió y la dejó boca abajo tumbada en la cama. Empezó a masturbarla así, muy rápido, acomodando la mano entre las cachas de su culo, movía un dedo dentro y fuera de su coño, iba mojadísima. Eva se aferraba a la colcha de la cama y gemía más y más.

– Me voy a correr… -dijo entrecortadamente.

Eva se dejó ir a los pocos segundos en un alarido de placer. Enoc puso en su boca el dedo corazón con el que la había masturbado.

– Mira qué bien sabes… -dijo. Y así penetró a Eva, dando la primera embestida mientras a ella aún le latía el coño con su orgasmo.

Enoc se movía rápido, de su garganta escapaba un sonido ronco a veces. Se follaba a Eva como nunca, y ella no paraba de retorcerse y gemir bajo él. Como estaba boca abajo, tenía la cabeza de lado para poder respirar. Le pegó en el culo.

– ¡Ahh! -chilló Eva.- ¡Joder, sigue! ¡Sigue!

Otro azote… y otro… y otro… El culo de Eva enrojeció. Enoc sabía que ella se volvería a correr pronto. Empezó a follarla más fuerte, hundiéndose bien en su coño a cada embestida. Se agachó y empezó a hablarle en la oreja apretando los dientes y respirando muy fuerte:

– Córrete otra vez. Córrete para mí, Eva. Quiero sentir cómo lates otra vez, vamos… ¡¡Joder, vamos!!

Y cabalgándola así Eva se dejó ir otra vez, Enoc paró, con su polla aún dentro, y le levantaba la cara a Eva para vérsela.

– Nunca te he besado con los labios pintados. De momento, va a seguir así… -su voz apenas se entendía, la respiración era muy fuerte, estaba sudando. -Vas a hacer que me corra como sigas latiendo así, joder.

Y de repente salió de Eva y bajó de la cama. Se puso de rodillas en el suelo y la atrajo hacia él tirando de sus piernas. Dejó su coño al borde de la cama y empezó a comérselo. Eva hacía ademán de cerrar las piernas pero él se las abría empujando el interior de sus muslos. La tenía toda para él.

Hizo que Eva se corriera una vez más así, sólo jugando con su clítoris. Fue muy rápido, el cuerpo de Eva no paraba de estremecerse.

– Parece que estás llorando -dijo Enoc sonriéndose un poco. Estaba de pie, miraba a Eva toda abierta y expuesta frente a él, tumbada boca abajo sobre la cama. Eva sollozaba, entre espasmos que no podía controlar, estaba exhausta.

– Me… vas… a matar… -dijo ella. Y no podía calmar la respiración.

– Bueno… en cuanto me corra hacemos un descanso… -dijo Enoc, poniendo cara de malo. -¿Dónde quieres que me corra?

– En… mis tetas… -Eva no podía ni hablar.

Enoc la incorporó dejándola a cuatro patas en la cama. Introdujo un dedo en su coño, y luego lo metió mojado en su culo.

– Ahhh… -gemía Eva.

– Mmmmm… -él dejó escapar ese sonido ronco otra vez.

Enoc repetía esto, una y otra vez. Y luego empezó a hacer lo mismo con su polla. Primero la mojaba en el coño de Eva, luego probaba un poco su culo, que a cada intento se abría un poco más para él. Estaba muy duro y eso lo hacía todo más fácil. Y de golpe forzó un poco y ya estaba dentro. Eva sentía la polla de Enoc entera, que se empezaba a mover despacio dentro de su culo.

– Uff… sí… ¡Ay!… así… mmm…-decía ella.

Enoc sentía la presión que el culo de Eva ejercía en su polla, cómo ella se quejaba y pedía más a partes iguales. Fue aumentando el ritmo. Envolvió a Eva con su cuerpo agarrándola por las tetas mientras seguía follándole el culo. Cada vez más fuerte. Eva sentía la respiración de él en su cuello y empezó a masturbarse. Ella se tocaba y él la follaba. Los dos eran un nudo de carne y sudor, el sonido de piel con piel ganaba velocidad. Enoc empezaba a resoplar.

– Eva… joder… me corro…

Salió de Eva y está dejó de masturbarse de inmediato y se dio la vuelta, quedando ambos cara a cara. Enoc se masturbaba muy rápido de rodillas, imponente ante ella. Se pasaba la lengua por el labio inferior cada vez con más frecuencia y dejaba escapar el aire entre los dientes apretados. Eva se tocaba mientras y, de repente, Enoc paró su mano, dejó escapar un alarido ronco y volvió a mover la mano pero muy despacio ya. Eva notó al momento el semen caliente en su pecho, más… Veía cómo brotaba de su polla, cómo él se iba de placer con los ojos cerrados mirando al cielo. Cerró los ojos también. Lo notaba resbalar por sus costados. Sentía como sus respiraciones se calmaban. Aún con los ojos cerrados, notó como Enoc rozaba la punta de su pene, ya más flojo, por la corrida, expandiéndola por el busto de Eva. Escalofrío. Eva abrió los ojos y besó la punta del miembro de Enoc, y se llevó la última gota de su leche con la punta de la lengua. Apretaba los dientes mientras Eva hacía. Otro escalofrío, ahora de él. Al final, se tumbó a su lado boca arriba y dio un largo suspiro. Ella otro. Se levantó y fue al baño a limpiarse. Al volver cogió la botella de vino de la mesa y le dijo a Enoc:

– Feliz año.

Estaba dormido.

Le dio un sorbo a la botella y se acercó a la ventana.

En el reloj de la catedral sonaron las 5 am…

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